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Anexos / Mujer y docencia

Los inicios de la educación para las mujeres


Fuente: Wikipedia, Asociación para la enseñanza de la mujer

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue un proyecto educativo español creado en 1870 por el pedagogo e intelectual Fernando de Castro y Pajares con la misión de ofrecer a las mujeres españolas de clase media la oportunidad de tener acceso a una enseñanza académica y científica eficaz, de la cual habían carecido hasta ese momento. Esta asociación agrupó en su seno a diversas escuelas para mujeres, las cuales tuvieron un papel fundamental en el progreso y promoción social de la mujer en España, y de manera específica, en la mejora de su educación y formación laboral.

Contexto histórico

Uno de los factores decisivos que propició la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue el propio contexto histórico, que ayudó a generar una opinión favorable en torno a la idea de que las mujeres recibieran una educación formal adecuada.

Hasta finales del siglo XIX, había imperado en España la idea de que la educación de las niñas debía restringirse al ámbito de lo privado, hecho que solo estaba al alcance de las mujeres aristócratas y de la alta burguesía, pues solo ellas podían permitirse pagar para recibir una instrucción. Además, si bien existía la posibilidad de asistir a algún colegio prestigioso, esta educación quedaba limitada casi de forma exclusiva a la esfera del hogar, y generalmente finalizaba cuando la mujer cumplía los quince años, momento en el que ya debía estar lista para contraer matrimonio.​ El tipo de instrucción que estas mujeres recibían consistía, por tanto, en prepararse para llevar a cabo de forma modélica las labores domésticas y desempeñar el papel de esposa ejemplar en su matrimonio:

[…] estas mujeres con frecuencia se instruyen en sus casas mientras esperan matrimonio adecuado a su condición. Aprenden a leer, escribir, cocinar bien o mal y trabajos propios de su sexo: costura y bordado. Si la educación quiere ser esmerada se completa con un poco de geografía, historia, música y, en algunos casos, dibujo y francés. Pero todo ello sin regularidad y en la idea de que nunca les servirá.

Las mujeres de clase media, sin embargo, no tenían los medios económicos para poder permitirse pagar a una institutriz o para asistir a un colegio privado y prestigioso. Por otro lado, no se veía socialmente bien que estas mujeres asistieran a los colegios públicos, los cuales habían sido creados para alfabetizar a las clases populares, con las que no querían relacionarse. De modo que la opción que les quedaba era la de asistir a un colegio religioso, un tipo de colegio que comienza a proliferar en la segunda mitad del siglo XIX.

Las mujeres de clase popular, por su parte, pudieron empezar a asistir a los colegios públicos que se crearon a partir de 1857, hecho que fue posible tras la aprobación de la ley Moyano, la cual establecía la obligatoriedad de escolarizar a las niñas de 6 a 9 años.​ La instrucción que allí recibían se limitaba básicamente a aprender a leer, escribir, contar, aprender las labores domésticas, y a asimilar la doctrina cristiana.

El escaso desarrollo industrial y agrario que caracterizó al país hasta finales del siglo XIX, no ayudó a crear la necesidad de que la mujer recibiera una instrucción formal y completa. Así, en 1870, el nivel de alfabetismo en las mujeres españolas era del 12 %, frente al 68 % de los hombres.​ A ello había que sumar el predominio de unas costumbres y formas de pensar tradicionalistas y conservadoras, transmitidas de madres a hijas, que alejaban aún más a las mujeres del acceso a la educación.

Por tanto, quedaba estancado por el momento cualquier atisbo de cambio que posibilitara a las mujeres el aprendizaje de conocimientos académicos y científicos que les ayudaran a progresar socialmente. No sería hasta las últimas décadas del siglo XIX cuando este panorama comenzaría a cambiar progresivamente.

Primeros pasos para la creación de la asociación

Un hecho histórico que propició el inicio de un cambio en la valoración de la educación de la mujer, fue la Revolución de 1868, con la que se dio paso al Sexenio democrático (1868-1874), periodo durante el cual se defendieron los principios básicos de la política liberal-democrática y se impulsaron medidas para la educación de las mujeres. Una de estas primeras medidas fue la proclamación por decreto de la libertad de enseñanza en 1868.​ Esta nueva apertura impulsó la labor de profesores e intelectuales que, influidos por la doctrina del krausismo, intentaron promover una sociedad más educada y moderna, y así lograr su deseo de que España se igualara a los países europeos más desarrollados del momento.

Uno de estos intelectuales fue Fernando de Castro y Pajares (1814-1874), quien mostró un gran interés en que las mujeres pudiesen recibir una enseñanza amplia y formal. Durante el tiempo que ocupó el cargo de rector de la Universidad Central de Madrid (1868-1870) llevó a cabo importantes iniciativas para promover la enseñanza femenina, creando diversas instituciones que serían clave para el acceso de la mujer a la educación y a la cultura. En su discurso de apertura de los estudios de la Universidad Central pronunciado en 1868 declaraba que era necesario:

[…] fomentar la creación de asociaciones que funden la enseñanza en las clases obreras, y la propaguen hasta en las más retiradas aldeas; abrir cursos especiales destinados a completar la educación de la mujer; procurar que la juventud se agrupe en academias científicas, y hacer de modo que nuestras bibliotecas y museos puedan utilizarse libremente […], para mejorar el estado intelectual y moral de nuestro pueblo: mejora sin la que, creedme, la libertad perece, y se apaga en la indiferencia al amor a la patria y a las instituciones.

Una de las primeras aportaciones de Fernando de Castro para fomentar el interés por la educación de las mujeres fue la puesta en marcha en los meses de febrero a mayo de 1869 de las Conferencias Dominicales sobre la Educación de la Mujer, celebradas en la Universidad Central, y pronunciadas por importantes intelectuales y docentes del momento. ​En estas conferencias, de acceso libre y gratuito, se trataron, entre otros, temas como la educación social de la mujer y la influencia de la mujer en la sociedad, que hasta ahora no habían sido expuestos en el seno de una universidad española, un espacio todavía cerrado a las mujeres.

También en febrero de 1869 promovió la creación del Ateneo Artístico y Literario de Señoras, cuyo objetivo fue el de fomentar la cultura en la vida de las mujeres.​ En diciembre de ese mismo año impulsó la creación de la Escuela de Institutrices, la cual supuso un hito en la historia de la cultura femenina en España, ya que se convirtió en la institución que ofrecía a las mujeres la educación más amplia y precisa del país.

Otro hecho que encaminó los pasos hacia la fundación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue la creación del Centro de Formación Profesional Lette-Vereinen en 1866, en Berlín, una institución que ofrecía a las mujeres formación profesional por un módico precio, y que contaba con escuelas de comercio, modelado, cajistas, etc. Este centro constituiría un modelo a seguir para la creación de la futura asociación.

Fundación

El éxito que pronto cosechó la Escuela de Institutrices dio a Fernando de Castro el último impulso para lanzarse a crear la Asociación para la Enseñanza de la Mujer en un intento de dar una mayor envergadura a su proyecto educativo. La fundación de la asociación tuvo lugar en Madrid el 1 de octubre de 1870, aunque su constitución definitiva se llevó a cabo el 11 de junio de 1871, momento en el que se aprobaron sus bases y su reglamento.

La creación de la fundación fue posible gracias a las aportaciones económicas de unos 80 socios,​ entre los que figuraban Isaac Albéniz, Francisco Asenjo Barbieri, Francisco Pi y Margall, el Duque de Veragua y Concepción Arenal.

Fernando de Castro fue el presidente de la institución hasta 1874, año en que fallece y es sustituido por Manuel Ruiz de Quevedo. Entre los miembros de su Junta Directiva y de su personal docente se encontraban hombres vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, como Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, José Mª Pedregal, y el propio Manuel Ruiz de Quevedo. Esta estrecha relación entre la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y el ILE continuaría hasta el comienzo de la Guerra Civil.

Francisco Giner de los Ríos Concepción Arenal Gumersindo de Azcárate


Objetivo y metodología

La fundación tenía como objetivo ofrecer a las mujeres una educación apropiada para mejorar su formación y su futuro laboral, proporcionándoles unos conocimientos adecuados sobre cultura intelectual, moral y social. En las bases de la asociación quedaba reflejado el ambicioso objetivo de la asociación:

[…] contribuir al fomento de la educación e instrucción de la mujer en todas las esferas y condiciones de la vida social. […] la Asociación instituirá establecimientos de enseñanza, dará conferencias y se valdrá de cuantos medios estime convenientes a la realización de su pensamiento.

La ideología de la asociación estuvo marcada por la doctrina krausista de origen alemán, que defendía la instrucción y formación de las mujeres, ya que consideraba a las mujeres y a los hombres iguales desde el punto de vista de la naturaleza y del derecho, aunque no desde el punto de vista de sus funciones. Es por ello que los intelectuales krausistas consideraban a la mujer como una colaboradora esencial para transformar la sociedad a mejor. Creían que si esta estaba más instruida, entonces podría servir mejor a su familia y a la sociedad y, por lo tanto, se lograría la regeneración de esta última.

Otras influencias que recibió la asociación fueron las ideas de importantes pedagogos como Johann H. Pestalozzi y Friedrich Fröebel.

Enseñanzas impartidas

En su conjunto, La Asociación para la Enseñanza de la Mujer ofrecía a las mujeres la mejor educación posible a la que podían aspirar en la España del siglo XIX. Los programas educativos de las diferentes escuelas de la asociación alcanzaron pronto una gran aceptación y prestigio, tanto por las materias impartidas como por la novedosa metodología y los recursos utilizados.

Al cargo de la docencia estuvieron relevantes intelectuales y catedráticos universitarios, como Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate, además de personas destacadas del ámbito profesional.

La Escuela de Institutrices tenía como objetivo la formación de profesionales del campo de la enseñanza. Esta escuela serviría de plataforma de lanzamiento para la entrada de las mujeres en la universidad unas décadas más tarde. Para poder ingresar en la escuela, las aspirantes tenían que pasar un examen de ingreso en el que tenían que demostrar sus conocimientos en lengua y aritmética.

Tras su ingreso, las alumnas recibían una completa formación durante tres años, cursando asignaturas del ámbito de las humanidades como Psicología, Pedagogía, Historia Universal, Historial de España, Gramática castellana, Teoría de la Literatura, Historia de la Literatura española, Francés, Bellas Artes, Dibujo, Música, Higiene, Moral, al igual que materias relacionadas con el ámbito de las ciencias como Aritmética, Geometría, Física y Química, Geología, Mineralogía, Botánica, Antropología y Zoología. Tras finalizar cada curso, las alumnas debían pasar un examen oral y escrito para demostrar los conocimientos aprendidos en cada asignatura.

También la Escuela de Comercio contaba con un ambicioso programa de estudios. La formación allí duraba dos años, y se impartían asignaturas como Gramática, Francés, Geografía comercial, Aritmética general y mercantil, Caligrafía, Contabilidad, Economía política, Legislación mercantil, Conocimiento de las primeras materias y productos industriales.6​ La Escuela de Telegrafía ofrecía una formación de dos años con un programa de estudios similar al de la Escuela de Comercio.

La Escuela de Primaria Elemental acogía a niñas de entre seis y diez años de edad, mientras que la Escuela Primaria Superior formaba a niñas de entre nueve y quince años. La Escuela Preparatoria tenía el objetivo de ampliar la Primera Enseñanza. La Escuela de Segunda Enseñanza preparaba a las alumnas para el ingreso en las escuelas profesionales regidas por la Asociación.

Las secciones de Idiomas, Música, Dibujo y Pintura ofrecía la posibilidad de ampliar conocimientos en estas disciplinas. La Sección de Idiomas ofertaba la enseñanza de italiano, inglés, alemán y francés. En la Sección de Música se daban clases de canto y solfeo, y a partir de 1885 se comenzaron a impartir clases de violín.

Influencia

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer no solo ayudó a promover el acceso de la mujer a la educación y a facilitar su entrada en el mundo laboral desde una óptica profesional más amplia, haciendo posible que sus alumnas, tras formarse, ocuparan puestos reservados hasta ese momento solo a hombres, sino que también contribuyó a dignificar el papel de la mujer en la sociedad.

Supuso que por primera vez se pusiera de relieve la capacidad intelectual de las mujeres para poder adentrarse, de igual manera que los hombres, en conocimientos científicos que hasta ahora habían sido dominio exclusivo de estos por pensarse que las mujeres no tenían habilidades para adquirirlos. Todo ello ayudaría a que desde finales del siglo XIX y comienzos de XX se fuera sustituyendo lentamente la teoría de inferioridad de la mujer por la de la diferenciación y complementariedad de los sexos.9​

Las iniciativas llevadas a cabo por las distintas escuelas contribuyeron a despertar el propio interés de las mujeres en su educación y a que fueran conscientes de la importancia y consecuencias de esta en sus vidas. Ello haría que progresivamente fueran adoptando un papel activo y protagonista, tomando las riendas de su formación.

Otra importante repercusión que tuvo la labor de la asociación fue el hecho de que influyó en gran medida en las reformas posteriores de la enseñanza oficial, además de convertirse en un modelo para la creación de otras instituciones que surgirían más tarde, como la Institución Libre de Enseñanza.

Cierre y reapertura

La asociación se mantuvo muy activa desde el año de su fundación. Si bien, a partir de la segunda década del siglo XX la asociación deja de tener el protagonismo y afluencia de alumnas que había tenido en décadas anteriores. Ello se debió a que ya por esas fechas la integración de la mujer en el mundo de la educación, incluido el ámbito de la universidad, estaba normalizada, lo cual suponía que la asociación tenía que competir con otras instituciones educativas similares.

Durante la Guerra Civil la sede de la institución fue saqueada.Tras finalizar la guerra, la asociación siguió llevando a cabo su labor educativa, alfabetizando a los niños que habían interrumpido su formación escolar debido al conflicto, pasando a convertirse en un colegio de barrio hasta que, finalmente, cerró sus puertas en 1954.

En 1989 se produce la reapertura de la asociación con el nombre de Fundación de Fernando de Castro-Asociación para la Enseñanza de la Mujer, la cual comenzó nuevamente su labor cultural y educacional, además de una labor de investigación. La sede actual, que sigue estando en el mismo edificio histórico, alberga un archivo y una biblioteca.

Papeles Salmantinos de Educación

La asociación para la enseñanza de la mujer. Una iniciativa reformista de Fernando de Castro (1870-1936)

Papeles Salmantinos de Educación -Núm. 10, 2008-Facultad de CC. de la Educación, Universidad Pontificia de Salamanca



Las mujeres en la Institución Libre de Enseñanza


Wikipedia: Las mujeres en la ILE

Las institucionistas conforman un colectivo –a menudo silenciado incluso en el ámbito general de la Institución–, con menos protagonismo pero pareja voluntad y valoración de su trabajo; el paso del tiempo ha permitido que se resalten los nombres de mujeres implicadas en los proyectos de la ILE como

Amparo Cebrián

Carmen García del Diestro

Laura García Hoppe

Gloria Giner de los Ríos García

María Goyri, Matilde Huici

María de Maeztu

Jimena Menéndez-Pidal

María Moliner

María Luisa Navarro Margati

Alice Pestana

Laura de los Ríos Giner

Concepción Saiz Otero

María Sánchez Arbós

María Zambrano

Carmen de Zulueta

Enriqueta Agut Armer

Teresa Andrés Zamora

Ángeles Gasset

Elisa López Velasco

Maruja Mallo

Carmen Muñoz Manzano

No obstante, esta lista da una idea clara de que una de las innovaciones sociales más importantes de la ILE fue su propuesta a favor de la integración de la mujer en el cuerpo general de la sociedad, en igualdad de acceso a la formación cultural y en la realización profesional.


Mangini González , Shirley (2001). Las modernas de Madrid; las grandes intelectuales españolas de la vanguardia. Península. ISBN 84-8307-323-4.

Lemus, Encarnacion (17 de noviembre de 2014). «La mujer y la Institución Libre de Enseñanza». centrodeestudiosandaluces. Consultado el 21 de abril de 2017.

La conquista del acceso a la formación superior


Las primeras docentes de ciencias en la Universidad de Santiago

En 1872 se matricula por vez primera una mujer en una Universidad española. Sería en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona y la alumna, Mª Elena Maseras, tendría que superaruna serie de obstáculospara conseguir realizar los estudios de bachillerato y los universitarios. Desde esa fecha, otras alumnas, en otras universidades, siguen su ejemplo.

Aunque los trámites eran difíciles -nada que ver con los de sus compañeros- pues cada una tenía que pedir su permiso especial, lo cierto es que no existía norma alguna que prohibiera a una mujer matricularse en la universidad. Tan increíble les debía parecer a los legisladores que una mujer no estuviera sólo interesada en el mundo doméstico, en el cuidado de la familia y en las tareas del hogar que se olvidaron de elaborar la norma, y estas estudiantessupieron aprovechar el vacío de legislación.

Fueron pocas, muy pocas eso sí, las que realizaron estudiosuniversitarios antes de 1910, año en el que se liberó el acceso de las mujeres a la universidad. De las 44 mujeres matriculadas en el siglo XIX en las aulas universitarias españolas fundamentalmente en Medicina, Farmacia, Ciencias y Filosofía y Letras, sólo 25 terminaron la carrera (Flecha García, 1996, 149), y de ellas sólo una era gallega. Hasta 1910 se mantuvo la situación, y en este año se eliminaron las barreras legales que impedían el libre acceso de las mujeres a la universidad.

El 8 de marzo de 1910 siendo ministro de Instrucción Pública, Romanones, se aprobó una Real Orden que decía:

«Ilmo. Sr: la Real orden de 11 de junio de 1888 dispone que las mujeres sean admitidas a los estudios dependientes de este Ministerio como alumnas de enseñanza privada, y que cuando alguna solicite matrícula oficial se consulte a la Superioridad para que ésta resuelva según el caso y las circunstancias de la interesada.

Considerando que estas consultas, si no implican limitación de derecho, por lo menos producen dificultades y retrasos de tramitación, cuando el sentido general de la legislación de Instrucción pública es no hacer distinción por razón de sexos, autorizando por igual la matrícula de alumnos y alumnas.

S.M. el Rey (q.D.g.) se ha servido disponer que se considere derogada la citada Real Orden de 1888, y que por los jefes de los Establecimientos docentes se concedan, sin necesidad de consultar a la Superioridad, las inscripciones de matrícula en enseñanza oficial o no oficial solicitadas por las mujeres, siempre que se ajusten a las condiciones y reglas establecidas para cada clase y grupo de estudios“

Señalaremos que los estudios realizados no habilitaban para el ejercicio profesional, como ya venía denunciando Emilia Pardo Bazán. Ese mismo año y siendo ministro Julio Burell2, aparecía publicada la R.O. del 2 de septiembre:

“Ilmo. Sr.: La legislación vigente autoriza a la mujer para cursar las diversas enseñanzas dependientes de este Ministerio; pero la aplicación de los estudios y de los títulos académicos expedidos en virtud de suficiencia acreditada, no suelen habilitar para el ejercicio de profesión ni para el desempeño de Cátedras. Es un contrasentido que sólo por espíritu rutinario puede persistir. Ni la naturaleza, ni la ley, ni el estado de la cultura en España consienten una contradicción semejante y una injusticia tan evidente. Merece la mujer todo apoyo en su desenvolvimiento intelectual, y todo esfuerzo alentador en su lucha por la vida.

Por tantoS.M. el Rey (q.D.g) se ha servido disponer:

1º. La posesión de los diversos títulos académicos habilitará a la mujer para el ejercicio de cuantas profesiones tengan relación con el Ministerio de Instrucción Pública.

2º. Las poseedoras de títulos académicos expedidos por este Ministerio o por los Rectores y demás Jefes de Centros de enseñanza, podrán concurrir desde esta fecha a cuantas oposiciones o concursos se anuncien o estén anunciados con los mismos derechos que los demás opositores o concursantes para el desempeño efectivo o inmediato de Cátedras y decualesquiera otros destinos objeto de las pendientes o sucesivas convocatorias.

3º. En las inscripciones de matrícula hechas desde el 1º. del corriente se hará constar el reconocimiento de los derechos anteriores”.

Mujer y docencia

La docencia puede considerarse como un sector de bajos salarios respecto de la alta cualificación que hay que tener para el desarrollo de la misma. En este sentido no debe extrañarnos que exista una elevada proporción de mujeres ocupadas en este sector, especialmente en los niveles inferiores. En opinión de Carlos Lerena(2009) ocurre como si el sistema practicara una política de tierra quemada cediendo lo que socialmente perdió ya su valor, dejando para las mujeres aquellos puestos de trabajo de menor responsabilidad y retribución y, sobre todo, de escasa o nula posibilidad de promoción. Dicho de otra manera, cuanto mayor es la feminización de una profesión más garantías hay de quelos salarios sean bajos.

La conclusión anterior es errónea. No es que cuanto mayor sea la feminización más bajos serán los salarios sino que las mujeres consiguen acceder a un sector cuando “ya es tierra quemada” y los salarios (¡y el prestigio!) se han devaluado



Cronología de la educación superior de las mujeres

117/07 pp. 35-59ReisUn análisis trasnacional del surgimiento e institucionalizaciónde los planes académicos de los Estudios de las Mujeres*

(El Hillcroft College para mujeres reivindica que sus primeros cursos de Estudios de las Mujeres los ofertó a principios de ladécada de 1920.)

La residencia de señoritas


Fuentes: Wikipedia y otras.

Ha sido y es el único ideal de mi vida crear en el viejo solar de nuestra tierra un hogar para las mujeres estudiantes de España, donde encuentren cubiertas, de una manera adecuada, no sólo las necesidades materiales, sino lo que vale más aún, al ambiente espiritual y la disciplina moral que hacen posible una vida noble y digna.María de Maeztu

Fue el primer centro oficial destinado a fomentar la enseñanza universitaria para mujeres en España. Dirigida desde su creación en 1915 por la pedagoga institucionista María de Maeztu, dejó de funcionar en el año 1939 tras el fin de la Guerra Civil.

Abrió sus puertas en 1915 con 30 alumnas y se instaló en uno de los hotelitos arrendados por la Institución al International Institute for Girls in Spain y situados en la calle de Fortuny de Madrid, que había dejado vacante el traslado de la Residencia de Estudiantes al nuevo complejo en construcción en los Altos del Hipódromo. La progresiva afluencia de nuevas alumnas hizo necesaria su división en grupos y la instalación en varios edificio.

Entre sus instalaciones disponía de alojamiento para las estudiantes, laboratorios para realizar prácticas (pues de las escasas mujeres que accedían a la enseñanza superior muchas cursaban estudios de Farmacia) y biblioteca, donde se comenzaron a impartir las primeras clases de biblioteconomía.



Enlaces de interés

Por derecho propio. Universitarias y profesionales en España en torno a 1910. Consuelo Flecha García. Catedrática de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Sevilla.

La Residencia de Señoritas. La contribución de la JAE a la educación de las mujeres. Azucena López Cobo y Nerea Basabé. Circunstancia, Año V Nº 14.Septiembre 2007.

La Residencia de Señoritas de Madrid durante la II República: entre la alta cultura y el brillo social: Raquel Vázquez Ramill. Espacio, Tiempo y Educación, v.2, n.1 ,enero-junio 2015, pp. 323-346.

La Residencia de Señoritas no fue solo una residencia, al igual que la Residencia de Estudiantes, proporcionaba a quienes en ella vivían medios para “su cultivo intelectual y de perfeccionamiento moral”, precisamente en este artículo podemos encontrar aspectos de la vida cultural y social que en ella se desarrollaba.

Entrevista a María de Maeztu. Josefina Carabias. Revista ESTAMPA. 1933.



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