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El dinero de las mujeres | De-construcción de contextos

lo colectivo no es sino un conjunto de identidades personales enredadas en el marco de un contexto. Isabel Iglesias

La pre-tensión de la objetividad


Las palabras son un instrumento poderoso, pero pierden su esencia si en la búsqueda de precisión recurrimos a etiquetados y formalidades de laboratorio.

La objetividad no existe porque la “realidad” tiene múltiples relatos y desde el mismo instante en que nos planteamos la necesidad de “contar”, estamos formando parte del proceso para construir una nueva realidad. Tampoco se puede objetivar “el conocimiento”, tan sólo detectar sus hitos dentro del proceso en que se genera porque, aunque a todos nos respalda la (propia) experiencia,el conocimiento surge cuando aprendemos a generalizar las preguntas, no las afirmaciones.

Y continuando con esta inmersión en la estela de la duda, cabe también cuestionar si es posible, y qué aporta, el relato de lo colectivo ya que «el entorno actúa como un alambique a través del cual depuramos y destilamos aquello que, al final, acabamos sabiendo». Tal vez por eso, el punto de partida sobre el que se asienta este proyecto es el carácter social de la memoria:

Cualquier recuerdo, aunque sea muy personal, existe en relación con un conjunto de nociones que nos dominan más que otras, con personas, grupos, lugares, fechas, palabras y formas de lenguaje, incluso con razonamientos e ideas, es decir, con la vida material y moral de las sociedades de las que hemos formado parte. (Maurice Halbwachs)

Nuestra memoria es social porque no hay construcción humana en la soledad. Los recuerdos surgen de las ideas y percepciones que tenemos en un tiempo que denominamos «presente», un concepto tan subjetivo como aleatorio ya que las horas y el calendario no son sino mera referencia a los acontecimientos y vivencias que lo dividen, pero no lo llenan jamás. El tiempo, y por tanto la memoria que lo evoca, no es sino una red de niveles de narración que puede, y suele, incluir diferentes procesos interindividuales, de grupo y dinámicas sociales.

En el desarrollo continuo de la memoria colectiva, no hay líneas de separación netamente trazadas como en la historia, sino más bien límites irregulares e inciertos. Pero, además, la existencia de diferentes grupos en el seno de las sociedades da lugar a diversas Memorias colectivas, mientras que la Historia pretende presentarse como la memoria universal del género humano. (Maurice Halbwachs)

El marco social de la memoria es un aliciente para la investigación y el aprendizaje, pero esta riqueza se pierde ante la «pretenciosa objetividad» de la Historia, cuya rigidez no tiene un significado real para ninguno de los grupos que han sido actores de los acontecimientos.

La memoria colectiva es un conjunto de relatos intemporales que desarrolla el recuerdo de lo que todavía existe en la conciencia del grupo que la mantiene. No hay oposición presente-pasado porque las redes interpersonales y los grupos no desaparecen de repente.

En esta «pretensión» de acercarnos a los procesos de conocimiento y reflexión hay mucho de aspiración, deseo y propósito de aprendizaje, pero nada de ambición pretenciosa y desmedida por «descubrir verdades objetivas». Porque hay que ser conscientes de que, en la búsqueda de los relatos, estamos pasando a formar parte de esos lazos invisibles de algunas redes de la memoria colectiva.

Tampoco hay pre-tensión por exigencias y objetivos desmedidos o ajenos, porque hay que trabajar desde la premisa de que la objetividad no existe.

La humildad de la reflexión


Secuencia de pensamientos desarrollada por Jorge Wanenger en su A más cómo, menos por qué. Corresponden a ideas numeradas individualmente (del 722 al 730) pero que leídas juntas componen el proceso básico, de ida y vuelta, de la humildad de la reflexión:

Conversación: hablar después de escuchar con alguien que escucha antes de hablar.

Intercambio de ideas: un individuo es para la reflexión, dos individuos son para la conversación, unos diez son para la tertulia y unos cien para la conferencia.

La conferencia (unos cien) favorece la tertulia (unos diez).

La tertulia (unos diez) favorece la conversación (dos).

La conversación (dos) favorece la reflexión (uno).

La reflexión fomenta la independencia del individuo respecto de la incertidumbre.

A las ceremonias y otros encuentros (de miles o decenas de miles) no se acude a intercambiar ideas, sólo a recibirlas o a confirmarlas.

Las ceremonias y otros encuentros (de miles o decenas de miles) son para favorecer alguna identidad colectiva, para lo que no son recomendables las conferencias que estimulan tertulias que estimulan conversaciones que estimulan reflexiones.

Una sala de conferencias en la que caben miles de personas está bajo sospecha.

La genealogía del espacio público


La rebeldía sólo nace donde hay aire para respirar (Victoria Camps, Ética de la virtud)

Uno de los avances del pensamiento feminista fue evidenciar que las mujeres carecíamos de genealogía. Pero no era sólo por la transmisión del apellido paterno, sino que esta carencia se manifestaba en múltiples frentes que fue necesario empezar a detectar y aislar ya que subyacían en cada criterio, en cada tendencia, en la legislación… Porque no se trataba de la genealogía personal, que también, sino de la genealogía del espacio público, cuyo rescate ha sido, y continúa siendo, una tarea ardua.

Esto, que ahora es empieza a ser una percepción social generalizada, no lo era tanto hace incluso un par de décadas, ya que año tras año se mantenía el machacón y condescendiente discurso de los días señalados en los que se ensalzaban los logros de unas cuantas mujeres excepcionales. Y en esa trampa del discurso patriarcal, “mujeres excepcionales que se merecían el reconocimiento”, sorprende encontrarse con enfoques como el de Concepción Gimeno, que en 1884 escribe y publica su “Madres de hombres célebres” y que en la conferencia que pronunció en el Ateneo de Madrid comenzaba afirmando con rotundidad:

Uno de los problemas sociales que más preocupan hoy a los pensadores es el problema feminista […] No ha encontrado todavía eco en España; no se ha tomado en serio, porque nuestro carácter préstase más a la ironía que a la investigación. (GIMENO DE FLAQUER, 1903: 5)

A estas alturas del s. XXI, aunque la explosión de internet nos pone al alcance datos e historias que antes había que rastrear en bibliotecas y centros de documentación dispersos o poco conocidos, en documentos mal o nada catalogados y, en muchos casos, de carácter privado, el reto es sistematizar e integrar. Es decir, reconstruir una visión de lo que ocurría en el espacio público cuyo relato no sólo se ha ocultado, sino que pretendía ser negado.

Porque a pesar de haber sido apartadas del ámbito público y económico, las mujeres fueron fundadoras y cofundadoras de escuelas, monasterios, iglesias, instituciones asistenciales… Estudiaron por libre, o camufladas, con brillantes resultados académicos y fueron impulsoras y organizadoras de actos, compañías de teatro o exposiciones. Por cierto, siempre con fines recaudatorios de un dinero que “no podían poseer ni manejar”.

Lo curioso es que con el tiempo (la tan necesaria perspectiva temporal) todos estos ámbitos y “actividades al margen”, a los que las mujeres dedicaron tanto tiempo y esfuerzo contribuyeron (o incluso fueron el motor) de muchas necesidades que derivaron en una transformación social. Y, como suele suceder, cuando la reivindicación se generaliza se convierte en un servicio monetizable del que las mujeres vuelven a quedar excluidas o minorizadas.

La evolución de un privilegio



La realidad es como un prisma, sólo se puede ver el lado que está delante


Cuando los bienes familiares van a parar a la hija menor

Todo empieza al nacer. En estas aldeas, los padres no tienen preferencia por concebir varones, algo habitual en India. Es más, sucede todo lo contrario. «Si tienen tres niños, intentarán tener otro bebé por si sale niña. La buscan porque creen que una hija mantendrá el nombre del clan»

La aldea india donde mandan las mujeres

En la comunidad de Meghalaya, una región del noreste de India, conviven las comunidades Khasi, Jaintia y Garo, unidas por una característica insólita en este país: se rigen por un sistema matrilineal. Es decir, el linaje viaja de generación en generación a través de la mujer. Tras este dato se erige todo un esquema de valores que permite a estas mujeres ser mucho más respetadas que en el resto de India. Es una cuestión de identidad, de estatus.

El pilar del sistema es la herencia

En estas comunidades, los bienes familiares van a parar a la hija menor (khatduh, en lengua khasi), que se encarga de administrarlos. «Es la persona más importante: custodia las propiedades aunque no sea su dueña», explica la historiadora Manorama Sharma, de la Universidad NEHU. La menor se quedará a vivir en la casa materna toda su vida, mientras sus hermanos y hermanas dejarán el nido al casarse.

En los últimos años, no obstante, algunos padres están optando por distribuir parte de la herencia. Un ejemplo es Aitisuk Khongjee, una mujer de 37 años y madre de siete criaturas: «Le daré mucho a mi hija menor, pero también repartiré entre las demás hijas». En cambio, no habrá nada para los varones. «Aunque si necesitan algo o tienen problemas, ellas tienen que ayudarles y hacerse cargo», afirma la mujer khasi en su porche, en la aldea de Nongeitniang.

A diferencia del resto de India, estas tres comunidades también son matrilocales: es decir, es el marido quien abandona su hogar y se muda al de su mujer tras la boda.

(…) «Hay más igualdad de género, ellas tienen más oportunidades y no son estigmatizadas por hacer vida en los espacios públicos», asegura L.S. Gassah, director honorario del Consejo Indio de Investigaciones de Ciencias Sociales (ICSSR), que sostiene que esto también se debe a que la sociedad del noreste es «más igualitaria y abierta porque no tenemos un sistema de castas» como ocurre en la India hindú.

Las diferencias no acaban ahí. Las mujeres de estas comunidades no sufren las restricciones sociales de vestimenta y horarios que se pueden ver en otras zonas. Muchas trabajan, regentan negocios y administran su dinero. Por eso no es raro que la familia viva con los ingresos de ella.

«Siendo trabajadoras aumentan su independencia y su poder de decisión dentro de sus casas. Para aquellas con estudios que puedan pedir salarios altos, una mayor participación en la fuerza de trabajo definitivamente incrementará su bienestar y tendrá una relación directa en el empoderamiento de las mujeres», explica la economista Veronica Pala

En estas tribus tampoco tienen la presión de pagar una dote ni el miedo de acabar casadas con un desconocido en un enlace arreglado por sus padres. Para ello hay que tener presente que en India el 80% de los matrimonios son concertados, que el suicidio es la principal causa de muerte entre las jóvenes por motivos relacionados con los casamientos y que, según la Fundación Vicente Ferrer, cada año mueren 25.000 indias por no pagar la dote.

Aquí ellas deciden con quién se casan. Y si esa unión termina en algún momento, ser divorciadas o viudas no conlleva el habitual rechazo en la sociedad. De hecho, pueden echar a sus esposos si son violentos, si no aportan al conjunto familiar o son alcohólicos. No es de extrañar que Meghalaya, donde la mayoría de la población pertenece a estas tribus, tenga la segunda mayor tasa de divorcios. «La fuerza del sistema matrilineal consigue que la mujer no sea condenada por vivir con varios hombres en su vida, ni tampoco sus hijos serán castigados por la sociedad».

¿El origen de esta «excepción»?

No se conoce el origen concreto de este sistema matrilineal. Algunos textos señalan que se instauró por miedo a que los clanes perdiesen su linaje y sus propiedades cuando los hombres fallecían en la guerra, mientras que otros apuntan a la mezcla de creencias entre las religiones tribales, la adoración a la fertilidad y el culto a la diosa madre hindú Kamakhya, venerada en la ciudad cercana de Guwahati.

También hay expertos que sostienen que fue el resto del mundo el que cambió la situación inicial. «Las sociedades originarias estaban controladas por mujeres, pero cuando surgió la propiedad privada los hombres se hicieron con ella por su fuerza física. Aquí no fue así del todo», comenta Apurba Kumar Baruah, antiguo decano de la facultad de Ciencias Sociales de NEHU.

¿El futuro?

La redacción del artículo resulta un tanto confusa en algunas partes del relato, pero lo que sí parece dejar claro es que las presiones exteriores que amenazan esta línea de transmisión hereditaria puede llevar a la más que probable desaparición de los derechos de las mujeres.

Todo parece indicar que no es la ideología sino el dinero, pero lo que la experiencia de estas tres aldeas nos cuenta es que, con la administración en manos de las mujeres, se han producido menos perversiones en el sistema.


Efecto Mateo / Efecto Matilda

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Mateo 25: 14-30, La parábola de los talentos

Mujer, ciencia y discriminación: del efecto Mateo a Matilda

En 1968 Robert K. Merton dio a conocer el efecto Mateo en la revista Science. Para definir y acuñar este término, el sociólogo se basó en el trabajo de una joven investigadora de su grupo, Harriet Zuckerman.


A lo largo de la historia de la ciencia, la desigualdad entre géneros ha sido una constante

Durante la década de los 60 Harriet realizaba una investigación en el marco de su tesis doctoral. Investigaba las características de la élite científica y, para ello, realizó entrevistas a científicos estadounidenses que habían ganado el premio Nobel. Muchos de ellos le reconocieron que para llevar a cabo sus laureadas investigaciones, habían trabajado codo a codo con jóvenes investigadores que formaban parte de sus grupos de investigación. Y que el trabajo y las aportaciones de éstos habían sido determinantes. Sin embargo, la comunidad científica les había otorgado todo el mérito a ellos. Uno de los entrevistados por Harriet Zuckerman admitió que las menciones y los méritos se adjudicaban de manera un tanto peculiar, ya que sólo se les atribuían a los investigadores con renombre. Quizás, esto se debía, a que una vez leída la lista de autores que habían realizado la investigación, sólo recordamos el nombre de los autores “famosos” y olvidamos al resto.

De todo ello, la socióloga Harriet Zuckerman concluyó que la menor visibilidad de los científicos e investigadores con menor adjudicación de méritos se debía a las relaciones estructurales que se imponían en los grupos de investigación. Con posterioridad adjuntó a este fenómeno “la acumulación de ventajas”. De tal manera, que los científicos con más renombre tienen más facilidades para conseguir financiación para sus investigaciones u ocupar cargos de peso en universidades o demás instituciones. Resumiendo, y volviendo a las palabras de Mateo, “a quien tiene, más se le dará”.

Harriet defendió su tesis en 1965 y los resultados de la misma fueron fundamentales para que Merton identificara, explicara y definiera el efecto Mateo. Sin embargo, el trabajo de Harriet no fue reconocido públicamente por el sociólogo. En 1968 Merton publicó el artículo The Matthew Effect in Science, y el nombre de Harriet Zuckerman aparecía únicamente en las notas a pie de página. Merton y Zuckerman continuaron trabajando juntos y en 1993 contrajeron matrimonio.

Ambos sociólogos trabajaron en el campo de la sociología de la ciencia. Estudiaron la estructura, las relaciones y los procesos de socialización de la comunidad científica, pero no se fijaron en las desigualdades de género que se percibían en la comunidad en la época. 25 años más tarde, en 1993, la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter sacó a la luz lo ocurrido en el transcurso de la definición del efecto Mateo. Con este ejemplo explicaba y definía la discriminación sistemática que ha sufrido la mujer en el ámbito de la ciencia.

Margaret W. Rossiter definió el olvido consciente y sistemático que habían sufrido las aportaciones de las mujeres científicas e investigadoras haciendo honor al nombre de Harriet Zuckerman y al de la activista en pro de los derechos de las mujeres, Matilda Joslyn Gage, quien fue la primera en hacerse eco de este hecho. De esta manera, la discriminación que han sufrido las mujeres en la ciencia ha sido conocida desde 1993 gracias a Margaret W. Rossiter con el nombre de efecto Harriet/Matilda (aunque hoy en día se conozca como el efecto Matilda).

El efecto Matilda pone de manifiesto no sólo la discriminación sufrida por las mujeres, también refleja la negación de las aportaciones, descubrimientos y el trabajo de muchas mujeres científicas, dando la autoría de los mismos a compañeros de investigación.

Rossiter ha ido recopilando variedad de formas de discriminación: el olvido de las mujeres que firmaban artículos científicos junto a sus maridos; el aislamiento al que se veían sometidas muchas investigadoras en grupos de trabajo masculinos; la atribución de “mala fama” intencionada a mujeres para desprestigiar su trabajo; cientifícas a las que han robado sus descubrimientos; mujeres que han sido apartadas de un puesto de trabajo ante compañeros que ostentaban currículos menos brillantes, o aquellas cuyos nombres no eran registrados completos en las bases de datos científicos, sino con sus iniciales, lo que hacía muy difícil que sus nombres fueran reflejados y reconocidos en los resultados de las búsquedas.

Robert K. Merton eligió un nombre bíblico para definir la sobreestimación que se hace del trabajo de los científicos con reconocimento público. Margaret W. Rossiter se hizo eco de la labor de una mujer del siglo XIX que trabajó en pro de los derechos de las mujeres, para definir la falta de estima y consideración que han sufrido las mujeres en el ámbito de la ciencia.

Margaret W. Rossiter ha subrayado con frecuencia que es necesario reconocer y aceptar que las mujeres han sufrido una discriminación sistemática en la ciencia, para que la historia se escriba correctamante. Sin lugar a dudas, la historia de la ciencia debe recoger las aportaciones y los nombres de las/os científicas/os con imparcialidad, recordando a todas aquellas Matildas que hemos tenido a lo largo de este camino.

Indagar en el pasado


Cuando se habla de investigación histórica se tiende a aislar los contextos, pero la realidad se dibuja en capas que se interrelacionan.

La cuestión NO es lograr un mayor detalle de la fotografía SINO… digitalizar el contexto en altísima resolución. Para eso, hacen falta múltiples imágenes para que puedan ser reconstruidas en un zoom infinito

Sin embargo, sabemos que algunas formas de generalización oscurecen la realidad e impiden el progreso. Estereotipar a las mujeres, a las minorías raciales, a los musulmanes, a los judíos y a otros grupos sociales desfavorecidos ha sido la forma habitual de mantenerlos subordinados.

En 1873, una ley de Illinois que prohibía a las mujeres ejercer como abogados (cosa que ya hacían en Iowa) fue desafiada por Myra Bradwell, que ya había completado su formación y sus prácticas, y ejercía como abogada, pero a la que le fue negada la admisión en los tribunales de Illinois.

La Corte Suprema, en defensa de la ley que excluía a las mujeres de la profesión, alegó ciertos estereotipos, respaldados por la piedad religiosa: «La timidez y delicadeza naturales y apropiadas que pertenecen al sexo femenino las hace evidentemente inadecuadas para muchas de las ocupaciones de la vida civil […]. El destino y la misión fundamental de las mujeres es cumplir con los nobles y benignos oficios de esposa y madre. Esta es la ley del Creador».[9]

El juez Bradley llegó a reconocer que muchas mujeres no estaban casadas y por lo tanto podrían considerarse como excepciones a esta regla general (Myra Bradwell estaba casada). Pero llegó a la conclusión de que la ley debía «adaptarse a la constitución general de las cosas, y que no podía basarse en casos excepcionales».

Martha C. Nussbaum - Envejecer con sentido

Muerte y entierro


La mujer ilustre no tiene quien la entierre

No hay mujeres ilustres en España: El olvido a las mujeres ilustres no solo se ha dado en España. Otros países, no obstante, sí cuentan con figuras importantes de su historia enterradas en los mausoleos, aunque su número sea mucho menor que el de hombres —también la cifra de enterramientos es superior—

Proporción de hombres y mujeres ilustres enterrados en diferentes panteones de cuatro capitales europeas: Madrid es la ciudad que no cuenta con ninguna mujer ilustre en el Panteón de Atocha. En Florencia, los datos se refieren tanto a personas que reposan en la Basílica de la Santa Croce, como individuos que cuentan con una placa o cenotafio en recuerdo. No se ha considerado Alemania al contar con tumbas dentro de los cementerios comunes.

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de-construccion_de_contextos.txt · Última modificación: 2020/01/16 14:07 por isabel