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Anexos / Huelgas de nuestras abuelas





Huelga de lavanderas en Coruña


Cuando los trapos sucios no se lavaban en casa

Hasta que las innovaciones técnicas y las mejoras de las redes de suministro de agua y electricidad llegaron a las viviendas, el lavado de ropa de las familias acomodadas era realizado por mujeres especializadas en este tipo de trabajo. De aquella los censos eran escasos y las estadísticas, de lo que ahora llamaríamos tamaño del mercado, inexistentes, pero había una legión de mujeres (y algunos, pero pocos, hombres) que soportaba duras condiciones y abusos.

La falta de agua corriente y la escasez de espacios apropiados en el interior de las viviendas obligaba a utilizar los lavaderos públicos o en la orilla de los ríos. El trabajo era especialmente ingrato y con especiales consecuencias para la salud ya que debían permanecer muchas horas de pie y dobladas sobre las tablas o piedras de lavar, en un ambiente húmedo e insano, con las manos mojadas y atacadas por los componentes de los jabones, creando así un clima propicio para catarros, afonías y dolores de huesos y músculos, sin olvidar la posibilidad de contagio de la ropa sucia de los enfermos.

Lavadero de Montes-OzaAl trabajo de lavar, entender y recoger la ropa había que añadir las caminatas que muchas debían realizar, cargadas con la colada por caminos intransitables. Así lo cuenta una de las privilegiadas que podían pagar por el servicio:

Y es que recuerdo aún con estremecimiento las manos moradas y destrozadas por los sabañones reventados de las lavanderas, esas mujeres que venían a nuestras casas en busca de la colada diaria, una circunstancia que hoy nos sacudiría las conciencias, pero que entonces lo asumíamos con la mayor naturalidad del mundo.

La cantidad de ropa para lavar era considerable, en la medida que abundaban las familias numerosas. La que no podía asumir la criada en la propia casa, era entregada a las lavanderas, junto con el correspondiente trozo de jabón, adquirido al por menor y en barras de 40 centímetros (…) Después de anotar con minuciosidad la clase y número de piezas entregadas, estas heroicas mujeres las introducían en el pesado cesto que subían a los pisos sobre sus cabezas, para después descargarlos sobre los lomos de los burros que dirigían al gélido río para iniciar su dura labor, de rodillas, sobre cualquier piedra lisa de la orilla. Una vez lavada, tendida y seca, era devuelta después de una semana y de la misma forma a los hogares, donde la señora comprobaba que nada faltara para pagar los servicios.

Pero lo peor era la incapacidad para ganarse la vida por la falta de agua durante las sequías o los problemas de abastecimiento y surgía la rivalidad entre las mujeres que, con frecuencia, acababan en reyertas que incluso precisaban la presencia de las fuerzas públicas para calmar los ánimos. En más de una ocasión, llevaron sus quejas a la prensa, que eran recogidas en este “tono condescendiente”:

Un grupo de estas humildes cuantas simpáticas trabajadoras vino ayer en son de ruego a nuestra redacción. Estas mujeres de nuestro país no sueñan en pedir gollerías. De ellas, laboriosas y esclavas de su hogar, a los marimachos sufragistas, hay un intervalo infinito. Veamos, sino, cuál es la aspiración de las lavanderas de Elviña.

Para venir de sus casas y regresar, transitan por un antiquísimo camino vecinal, que desde el puente de Monelos baja al lugar de los Molinos bordeando la tampia de la Huerta del General, frente a la Pente de Pedra, bifurcará luego en dirección de Elviña y de San Cristóbal.

Este camino, completamente destrozado ahora, en invierno es absolutamente intransitable. Las aguas del río y las lluvias lo anegan, llegando a tal nivel, que las caballerías se entierran hasta el pecho. En esta época del año, las lavanderas obtienen del director de la Granja el favor de dejarlas pasar por el interior de ésta, ahorrándose así uno de los peores trozos del camino; pero esto, sobre lo gravoso y molesto, no tiene razón de ser habiendo un camino público que debe estar habilitado en forma para el tránsito. Que sea arreglado, ya que resultaría fácil y económico, es lo que piden las lavanderas.

De la parroquia de Elviña pasan por allí más de cien de éstas los días de recogida y entrega de ropas. )…) Nosotros recogemos el ruego de las simpáticas lavanderas y lo trasladamos íntegro con nuestra más especial recomendación a los diputados provinciales. La Voz de Galicia, 16-4-1913

A cambio de este duro trabajo que realizaban, los salarios de las lavanderas eran de los más cutres de todos los que realizaban las mujeres (siempre por debajo de los realizados por hombres, aún siendo los mismos). La situación era semejante en todos los lugares. Según el censo de 1905, en Barcelona las lavanderas cobraban entre 2 y 3 pesetas diarias, uno de los salarios más bajos de todos los trabajo realizados por colectivos femeninos [M. Tatjer Mir, 2002:13].

Esta situación de franca desventaja fue lo que llevó a un buen grupo de lavanderas de A Coruña, que durante la huelga de 1907 eran unas mil, a organizarse sindicalmente integrándose inicialmente en el centro de oficios “La Heterogénea” formando luego una asociación propia: “El Alba de lavanderos y lavanderas”.

En mayo de 1907 anunciaron que iban a subir las tarifas y, pocos días más tarde, la prensa recogía la noticia de que se acababan de asociar, al tiempo que comunicaban al público las nuevas tarifas y las novedades introducidas en el sistema y periodicidad de recogida y entrega de la ropa.

Se ha confirmado la noticia. Las lavanderas de La Coruña y de fuera de La Coruña, constituidas en gremio y asociadas a lo que parece a La Heterogénea, centro de oficios varios reorganizado últimamente en el pueblo, reparten profusamente desde ayer una hoja con la tarifa de los precios que podrán en vigor desde primero de mes (…) Hay en las observaciones generales alguna que han de parecer particularísimas.

La ropa que tenga más uso que el de una semana, siendo ropa interior, pagará precio doble y lo mismo será si es ropa atrasada (…)

Las prendas que no lleven las marcas de la casa respectiva, no será responsable de ellas la lavandera en caso de extravío.

La ropa sucia se recogerá los domingos de cada semana desde las ocho de la mañana a dos de la tarde y sin limitación de hora dentro de las que se señalan, y de lo contrario quedan para otra semana.

Cuando se tenga que recoger la ropa fuera del plazo que se señala, se pagará dos pesetas con cincuenta céntimos por el viaje que tiene que dar la lavandera para hacer la recogida.

El pago del lavado de ropa se hará por semana”. (La Voz de Galicia, 25-5-1907)

Los nuevos precios del lavado –de 4 a 5 duros semanales por familia- parecieron excesivos a muchos de los usuarios, de modo que los cronistas locales presagiaban fuertes tensiones y posible huelga. Este aumento significaba, para las lavanderas, un aumento razonable de entre diez y quince céntimos semanales por persona, pero los detractores de la huelga argumentaban que se trataba del doble de lo que se venía pagando por los mismos servicios. La huelga de las lavanderas empezó el 1 de junio de 1907, prolongándose ininterrumpidamente durante dos semanas, y contó con una elevadísima participación. A pesar de las noticias contradictorias que ofreció la prensa local durante los días de la huelga con la evidente intención de romperla, lo cierto es que la participación de las lavanderas fue mayoritaria.

Se pusieron guardias municipales en los principales lavaderos y en los día siguientes de la huelga, para evitar coacción y peleas, el gobernador dispuso que un buen número de guardas civiles de caballería e infantería recorriesen los caminos de entrada a la ciudad para evitar que se impidiese a las lavanderas que deseaban trabajar llegar a las casas a recoger o entregar ropa, según informaban los diarios de la época.

Esta huelga fue muy significativa, ya que se trataba de la primera de un colectivo mayoritariamente femenino que no trabajaba en una fábrica. Puede que esta novedad fuese sentido como un peligro de contagio a otros colectivos de mujeres que trabajaban al servicio de patrones individuales, una poderosa razón que explicaría, por lo menos en parte, a posición tomada en su contra por los comentaristas de la prensa local, individuos también afectados en su vida familiar por esta huelga.

Fuente documental: «O orballo da igualdade»

¿Qué consiguieron con su huelga?

A diferencia de otras huelgas, especialmente de las protagonizadas por colectivos masculinos, la prensa local burguesa reaccionó con descaro contra la huelga de las lavanderas. Criticó la subida de las tarifas, exageró las diferencias de criterio entre las mujeres trabajadoras, minimizó los efectos y alcance y animó al vecindario coruñés a utilizar los servicios de las lavanderas de otros lugares.

En claro afán de distorsión informativa la prensa llegó incluso a “comentar con satisfacción” como «las señoras, antes de aceptar las nuevas tarifas, preferían ir ellas mismas a lavar» o mandar a las sirvientes domésticas, de modo que nunca tan animados estaban como en aquellos días los lavaderos de la ciudad. Las mismas autoridades, justificando que las medidas tomadas eran únicamente para garantizar el orden público, aumentaron el ritmo de reposición de agua en los lavaderos y reforzaron la seguridad con fuerza pública.

En realidad se concede escasa trascendencia a la huelga, porque las familias disponen de medios para evitar que el conflicto adquiera proporciones alarmantes, ya enviando las ropas a Ferrol, a Sada, a Puentedeume, a Carballo y a otros pueblos próximos, ya utilizando los servicios de las mismas domésticas y de muchas vecinas de La Coruña.

Para dar mayores facilidades a este recurso que por el momento soluciona satisfactoriamente la cuestión, el alcalde accidental Sr. Lens dispuso que desde ayer se renueve el agua en los lavaderos públicos de la ciudad a las nueve de la noche en lugar de hacerlo a las doce, como hasta ahora venía haciéndolo, y que vuelva a repetirse aquella operación a las cinco de la mañana todos los días.

El Noroeste, 4-6-1907

En la mayoría de las casas no tuvieron necesidad las lavanderas de manifestar que se declaraban en huelga, porque ya conocidos sus propósitos, fueron despedidas o lo que es lo mismo, “les fue hecha la cuenta”.

Sus colegas de Betanzos, Ferrol, Puentedeume, Sada y de los demás pueblos que tienen fácil comunicación con La Coruña, están de enhorabuena. En los vapores que hacen la carrera al Ferrol, en los trenes y en los coches que efectúan diariamente viajes a dichos pueblos, salieron el domingo y ayer numerosos fardos de ropa sucia que, después de lavada volverán a La Coruña.

La Voz de Galicia, 4-6-1907.

Durante la huelga se repartieron en la ciudad varias hojas entre la población explicando y justificando los dos motivos centrales del paro: escasez de remuneración y falta de higiene en los lavaderos por la escasa atención prestada por las autoridades municipales a estos establecimientos. La inesperada duración del paro sorprendió a muchos usuarios y a los cronistas locales que, incluso durante la misma, se esforzaban en asegurar que la huelga fracasara repitiendo insistentemente que las lavanderas eran perfectamente prescindibles.

La intoxicación de la información llegó al extremo de asegurar que alguno de los asociados se fugara con el dinero de la organización y, ante la falsedad del dato, se pasó a la ridiculización de las cantidades de que disponían las trabajadoras. Paralelamente a los comentarios sobre la mancha de la huelga y con evidente afán de desanimar a las lavanderas, salían diariamente elogiosos comentarios a la iniciativa de establecer, por parte de la Coperativa Militar y Civil, un lavadero mecánico que podía entrar en servicio en muy poco tiempo. Días antes de que acabase en realidad el paro, la prensa daba por seguro el fracaso de la huelga y la vuelta de las lavanderas a la situación anterior al movimiento reivindicativo.

Puede darse por fracasada la huelga de lavanderas, que está a punto de terminar de la manera más desastrosa para las infelices mujeres (…)

Se dice que se ha fugado [el presidente de la asociación con el dinero que había recaudado entre las lavanderas a pretexto de organizar la sociedad de resistencia que para ellas de resultados completamente negativos. El rumor no ha podido confirmarse.

El Noroeste, 11-6-1907

Un representante de la junta administrativa del gremio de lavanderos y lavanderas nos visitó ayer para decirnos que no es exacto (…) que el presidente de dicha junta haya desaparecido con los fondos sociales; que los asociados no pagan cuota alguna, y que sólo se recaudaron entre todos ellos 103 pesetas para gastos de propaganda y organización, de los cuales van invertidas en estos trabajos 93,30. Resulta, pues que sólo tienen de fondos nueve pesetas y media, cantidad bien insignificante, por cierto.

El Noroeste, 12-6-1907.

Avances sociales, que no individuales

El lavadero mecánico de la Cooperativa Militar y Civil fue inaugurado un año después, el 13 de octubre de 1908. Situado en el camino de la estación del ferrocarril, estaba dirigido por técnicos alemanes y contaba con servicio de coches para recoger y devolver la ropa, de incendios, y un taller de mujeres encargadas de coser, repasar y dar brillo a la ropa que lo necesitara. Sin embargo no eliminó en Coruña los lavaderos públicos ni la las lavanderas individuales, que fueron pasando a ser explotadas bajo nuevas fórmulas de intermediación.

Los lavaderos públicos

Un millar de mujeres, poco más o menos, acude diariamente al lavadero público municipal instalado en la explanada del Orzán. Los pilones de este lavadero se llenan tres veces durante la jornada, y para que las distintas tandas de lavanderas no laven la ropa en agua sucia, deben llenarse aquellos cinco veces por lo memos.

Además, para que la operación de vaciar y llenar se haga rápidamente, deben instalarse dos grifos y el actual, con el que se tarda una hora en dar el agua suficiente, podría servir para enchufar una manga y hacer la limpieza que ahora se hace a fuerza de valdeo, de un modo deficiente y lentísimo (…)

El nuevo lavadero de la calle de la Torre es utilísimo para los centenares de mujeres que allí acuden (…) El tercer lavadero de que vamos a hablar no existe, pero, a fe de ser sinceros, no es porque no se advierta a diario la necesidad de que se establezca.

La Voz de Galilcia, 16-11-1911.

Sin embargo, a pesar de las mejoras y del número de lavaderos, se seguían produciendo las quejas de la población sobre las deficiencias higiénicas en esos lugares, quejas que eran reiteradamente comentadas en la prensa (la misma que boicoteara la huelga y sus reivindicaciones), al tiempo que también se aportaban posibles soluciones.

La salud en La Coruña. Los lavaderos públicos

Insistiremos en el tema cuantas veces sea preciso, hasta que se nos oiga.

Hay que mejorar las condiciones higiénicas de los lavaderos públicos. Se impone acabar con la vergüenza de que una misma pila común, en una misma agua sucia e infecta, que sólo se renueva ¡cada seis u ocho horas! se laven y se mezclen las ropas de las personas que gozan de buena salud y las de las que están enfermas.

Ya hemos explicado en qué consiste la leve transformación que se pretende (…) tomando como modelo lo que a este respecto se hace en Bilbao, Santander, Barcelona, San Sebastián y en otros pueblos adelantados y cultos. Los que no se enteran o no quieren enterarse, son capaces de decir que no hay dinero para acometer la pequeña obra y que lo mejor será aplazarla… para cuando se realice el empréstito.

Nada de eso. Dotar de agua suficiente y continua a los lavaderos públicos, ahora que abunda, y establecer en cada uno de ellos una serie de pequeñas divisiones, contorneándolas, con unos grifos individuales, es cuestión de muy pocas pesetas y de muy poco tiempo. Es bochornoso, pero además peligrosísimo lo que al presente acontece. Los médicos debieran cooperar a esta campaña de higienización.

Cada piscina de esas, en torno de las cuales se suceden día y noche todas las gentes pobres del pueblo, constituye el más espantable vivero de gérmenes contagiosos que cabe imaginar.

La Voz de Galicia, 6-3 1913.

Las lavanderas, como colectivo de mujeres trabajadoras al servicio de casa ajena, fueron desapareciendo lentamente, a medida que el agua corriente llegaba a los domicilios y que en estos se instalaban lavaderos particulares de carácter doméstico pero los inicios de la infraestructura del agua fueron privados y problemáticos. Así tenía que promocionarse la empresa en 1918

La desaparición definitiva de las lavanderas llegó con la introducción de máquinas accionadas mecánicamente y, más tarde, por energía eléctrica. Antes de la definitiva desaparición de este oficio, muchas mujeres trabajaron en los lavaderos mecánicos que se establecieron en la ciudad, pero los problemas laborales continuaron existiendo para estas trabajadoras.

Los lavaderos como espacio social

El lavadero y las lavanderas: reivindicación de un espacio social femenino, artículo elaborado por Luis de la Cruz

En abril de 1917, 40.000 lavanderas protagonizaron en Petrogrado la primera gran huelga al gobierno provisional, formado tras la revolución de febrero. Pedían aumento de salarios, mejores condiciones laborales y jornada de 8 horas. Aquella huelga, apoyada por Aleksandra Kollontai entre otras y posible por la formación del sindicato de lavanderas en 1905, se inserta de la importante ola de movilizaciones de mujeres rusas que serviría para abrir una de las brechas que desembocaría en la revolución de Octubre, que había comenzado el 23 de febrero, Día Internacional de las Mujeres.

El ejemplo de la mujer trabajadora participando de la movilización política permite atisbar la importancia del colectivo, pero el peso que los hechos siguen teniendo en la historiografía tapa el conocimiento de un trabajo (el de lavandera) y un espacio social (los lavaderos) que, sin ser aún muy conocidos, algunos autores han señalado como centrales en la socialización de las mujeres de las clases populares.

Ser lavandera constituía una de las principales ocupaciones durante el XIX: en Inglaterra y Gales eran la undécima ocupación en 1861, según Carmen Sarasúa, a pesar de que era habitual consignar “sus labores” en los censos. Se trataba de una ocupación típica de las clases populares, que en no pocas ocasiones era ejercida por mujeres “cabeza de familia”. Francisco Laso, The Laundress (1858)

El lavadero ha sido aludido como lugar de sociabilidad de las mujeres de las clases populares en la ciudad por la historiadora Michelle Perrot, junto con el mercado y la propia calle. Frente al salón de té o la Iglesia, espacios de encuentro de las mujeres de clase alta, el lavadero se constituye en un entorno exclusivamente femenino para las clases populares, en el que a veces se mezclan el trabajo de reproducción social y el empleo remunerado (Perrot, 1997).

José Luis Oyón estudió los lavaderos en la ciudad de Barcelona como núcleo de sociabilidad, básicos para la formación de la ciudad popular (Oyón pp: 327-328), junto con las tabernas y las tiendas de alimentación. No es casual que las primeras demandas de CNT sobre la mejora de la vivienda obrera en 1917 incluyeran la creación de lavaderos gratuitos. A través de los libros de Matricula Industrial, Oyón censa 221 lavaderos en la ciudad, con cerca de 7000 bancas, a la altura de 1914. A pesar de que en este momento, y hasta los años 30, el número de lavaderos decrece en relación a la población, esto no sucede en los barrios obreros, siempre esquinados en la senda del progreso urbano. El autor, a través de entrevistas personales, llegó a la conclusión de que los lavaderos eran un importante núcleo de sociabilidad femenina durante el primer tercio de siglo.

Además de permitir el encuentro de las clases populares y, presumiblemente, la puesta en común de los problemas que a todas afectaban, a buen seguro que el lavadero – como el mercado–, constituyó un lugar privilegiado para la circulación de la información en los barrios. Este abono para la comunicación oral y el rumor ha quedado en la cultura popular muy ligado a la imagen del “cotilleo”, sin duda favorecida por el prejuicio de género dirigido hacia las mujeres.

En catalán, la expresión fer safareig alude al cotilleo ocasional, como recuerda Oyón, y la equiparación era habitual también en la época en la que el lavadero aún constituía una auténtica institución social. Si en un parlamento o en otro foro de señores bien cundía el desorden se hablaba de “discusiones, que alcanzaron los más de los días honores de plazuela, y otros, de lavaderos públicos, convirtiendo el parlamento en una Casa de Tócame Roque” (El Cabecilla 18-12-1886).

Además, los lavaderos parecen ser lugares de referencia social en el espacio urbano. Es relativamente frecuente que se utilicen como señalización para indicar ubicaciones o, por ejemplo, para indicar el trayecto de coches de plaza: “por la carretera de El Pardo hasta el lavadero llamado de Los Cipreses” (Almanaque y Guía Matritense 1894).

En el lavadero coincidían mujeres que lavaban para su familia, criadas y lavanderas profesionales, que lavaban semanalmente la ropa de familias o instituciones. El trabajo era muy duro: el agua les causaba enfermedades bronco respiratorias y en la piel, trabajaban al aire libre durante todo el año y debían transportar peso.

La penosa situación de los lavaderos, la mayoría privados desde el siglo XX, fue denunciada a menudo por higienistas y organizaciones obreras. En 1903 la Revista Blanca publicaba un extenso artículo titulado La independencia económica de la mujer en el siglo XX en el que se reclamaba la importancia de que las mujeres proletarias dispusieran de cocinas económicas y lavaderos municipales. Así mismo, la reclamación del lavadero municipal aparece brevemente en el programa electoral de Pablo Iglesias en 1910 o en el repertorio de exigencias de CNT en 1917, como hemos visto.

El carácter femenino del trabajo de lavandera propició un entorno poco separado del trabajo de cuidados. En este fragmento de La forja de un rebelde, de Arturo Barea, se aprecia la importancia de la cooperación entre las lavanderas –y sus familias– para sacar ambos trabajos adelante:

Los doscientos pantalones se llenan de viento y se inflan. Me parecen hombres gordos sin cabeza, que se balancean colgados de las cuerdas del tendedero. Los chicos corremos entre las hileras de pantalones blancos y repartimos azotazos sobre los traseros hinchados. La señora Encarna corre detrás de nosotros con la pala de madera con que golpea la ropa sucia para que escurra la pringue. Nos refugiamos en el laberinto de calles que forman las cuatrocientas sábanas húmedas. A veces consigue alcanzar a alguno; los demás comenzamos a tirar pellas de barro a los pantalones. Les quedan manchas, como si se hubieran ensuciado en ellos, y pensamos en los azotes que le van a dar por cochino al dueño. Por la tarde, cuando los pantalones están secos, ayudamos a contarlos en montones de diez hasta completar los doscientos. Los chicos de las lavanderas nos reunimos con la señora Encarna en el piso más alto de la casa del lavadero. Es una nave que tiene encima el tejado doblado en dos. La señora Encarna cabe en medio de pie y casi da con el moño en la viga central. Nosotros nos quedamos a los lados y damos con la cabeza en el techo. Al lado de la señora Encarna está el montón de pantalones, de sábanas, de calzoncillos y de camisas. Al final están las fundas de las almohadas. Cada prenda tiene un número, y la señora Encarna los va cantando y tirándolas al chico que tiene aquella docena a su cargo. Cada uno de nosotros tenemos a nuestro lado dos o tres montones, donde están los «veintes», los «treintas» o los «sesentas». Cada prenda la dejamos caer en su montón correspondiente. Después, en cada funda de almohada, como si fuera un saco, metemos un pantalón, dos sábanas, un par de calzoncillos y una camisa, que tienen todos el mismo número.

El cuidado de los niños era central, como se ve, y en 1871 se inaugura la Casa Asilo de Lavanderas de Madrid cerca de la Puerta de San Vicente, que en 1901 albergaba a 400 niños.

El hilo levantisco de las lavanderas


Hull Laundry Strike 1920
http://www.unionhistory.info

Además del de las trabajadoras lavanderas de Petrogrado, conocemos muchos ejemplos de conflictos sociales y laborales protagonizados por lavanderas en todo el mundo. La prensa española dio noticia entre finales del XIX y principios del XX de diferentes motines y huelgas internacionales protagonizados por lavanderas: París y Saint Etienne en 1890, Londres en 1891 o Nueva York 1912.

Estos conflictos debieron alcanzar dimensiones considerables, pero también fueron frecuentes conflictos de carácter local, como el que llevó a amotinarse a las lavanderas de un establecimiento en el Paseo Imperial de Madrid por desavenencias con el nuevo reglamento interno del lavadero (El Siglo Futuro 2-6-1892). Lavanderas que se pusieron en huelga en Atlanta

Sólo un mes después, el 4 de julio de 1892 y los días sucesivos, la sociedad madrileña puso los ojos sobre el colectivo de las lavanderas ante el anuncio de un seguro motín que no llegó a producirse, más allá de algunos alborotos. El Ayuntamiento conservador de Alberto Bosch y Fustegueras estableció nuevos tributos a la venta ambulante y otras actividades, lo que ocasionó un motín el día 4 en el que fueron detenidas algunas vendedoras. Se especuló en los días sucesivos con que lavanderas y cigarreras –el colectivo femenino de mayor prestigio popular en lo tocante a la movilización– se levantarían también, e incluso los dueños de algunos lavaderos privados cerraron por precaución.

La prensa de la época refleja una actitud decididamente insumisa ante el pago del tributo por parte de las mujeres, tanto entre las vendedoras como entre lavanderas, a pesar de que los cobradores acudían a las orillas del río Manzanares acompañados de guardias a pie y a caballo. Durante aquellos días se estableció una vigilancia especial en la cárcel de mujeres ante el miedo de que las lavanderas acudieran a liberar a las vendedoras detenidas durante el motín, pero en unos poco tiempo las aguas volvieron a su cauce.

El día 7 de junio serán las aguadoras las mujeres amotinadas, y que acudirán posteriormente en comisión a hablar con el alcalde. Éste había mandado cerrar los puestos de agua de El Prado y Recoletos por las denuncias de algunos vecinos acerca de “los actos contrarios a la moral que en ellos se realizan” (El País 7-07-1892). Resalto el episodio por la coincidencia en el tiempo y por la similitud con la situación de las lavanderas, pues la consideración moral del trabajo físico femenino es una constante que saldrá a relucir en distintos conflictos laborales en los que participaron.

Según la historiadora Carmen Sarasúa, las posiciones que las lavanderas tenían que adoptar para desempeñar su trabajo eran consideradas por algunos como “poco decorosas”, lo que llevó a que se hicieran algunos lavaderos cerrados.

Cuando en julio de 1881 las lavanderas de Atlanta –la mayoría afroamericanas– forman la Sociedad de Lavado y deciden ir a la huelga para luchar por la mejora de sus puestos de trabajo, tendrán que soportar la acusación de “conducta desordenada”. Algo similar sucederá durante la huelga de lavanderas contra la compañía Acme en El Paso, protagonizada por mujeres chicanas en 1919. Además de los esperables ataques racistas, el medio millar de mujeres que habían abierto sección local de la International Laundry Workers Union tuvieron que afrontar las acusaciones de “moral laxa”, y que los líderes de la comunidad advirtieran a los hombres acerca de la poca conveniencia de relacionarse con ellas.

Otra de las barreras de género que tuvieron de afrontar las lavanderas organizadas y en lucha fue la relativa a la poca consideración social de su trabajo. Sin duda, esta infravalorización de los empleos típicamente femeninos explica sus bajas remuneraciones: un obrero de finales del siglo XIX podía tener su ropa lavada por 60 céntimos, la mitad de lo que gastaba en “tabacos, diversiones y recreos” (Sarasúa, 2003).

En 1907 las lavanderas de La Coruña se organizaron en el centro de oficios La Heterogénea formando luego una asociación propia llamada El Alba de lavanderos y lavanderas, con implicación anarquista. Repitieron hojas con los nuevos precios y, como las nuevas tarifas no fueron bienvenidas, se pusieron en huelga el 1 de junio de 1907, prolongándose ésta durante dos semanas. Añadían a las reivindicaciones económicas las relativas a la insalubridad de los lavaderos en los que trabajaban.

En esta ocasión, el ataque que recibieron en su condición de mujeres tuvo que ver con la supuesta irrelevancia de su trabajo, que la prensa local se encargó de resaltar durante el transcurso del paro.

La canalización del agua fue el comienzo del fin del oficio de lavandera en muchas partes del planeta, a pesar del ritmo lento y desigual de la llegada del agua corriente a las casas (especialmente en los barrios obreros y a los pisos altos). La puntilla fue la popularización de la lavadora casera, al principio cajas de madera con el interior forrado de zinc que se movían con una manivela, a las que posteriormente se añadió un motor eléctrico.

El rodar del siglo XX fue, poco a poco, puliendo la imagen de la lavandera, asociando el recuerdo de su imagen arrodillada sobre la tabla a los oficios tradicionales, sin reparar en la artrosis, los sabañones y las enfermedades bronco respiratorias. Nada queda en la imagen romantizada que trasladan las fotografías de aquellas mujeres a las orillas del río –“náyades del Manzanares” las llamó hacia 1860 el viajero Davillier– de las experiencias de asociación y lucha que protagonizaron. Y ya va siendo hora de empezar a desenterrarlas.

★ Imagen de cabecera: Lavadero en el Manzanares (1887) | Pérez Valluerca, Eusebio

Y más ejemplos

Lo que tenían que aguantar


Un fotógrafo cambia los roles de género en anuncios de los años 50

Más muestras de su trabajo en su cuenta de Instagram @elirezkallah y en su website, elirezkallah.com.

El concepto de "nuestras abuelas"


La candidata más longeva, con 95 años, consigue ser edil en Patones

{{ https://ep01.epimg.net/ccaa/imagenes/2019/05/26/madrid/1558906788_637071_1558952476_noticia_normal.jpg?400 |]] Siete mujeres de más de 60 años [[https://elpais.com/ccaa/2019/05/20/madrid/1558371139_987717.html|se presentaron con su propia candidatura]] en Patones a las municipales, Abuelas por Patones. La [[https://elpais.com/ccaa/2019/05/16/madrid/1558033118_568272.html|cabeza de lista]] —la candidata más longeva de las elecciones municipales en la Comunidad Madrid, María del Rosario Testa, Charito— ha conseguido ser edil a los 95 años, aunque el PSOE ha ganado con holgura los comicios en esta localidad, al lograr cinco ediles y la mayoría absoluta. [Buscador de resultados por municipios] Los socialistas revalidan su victoria en esta localidad y aumenta un escaño la mayoría absoluta, que pasa de cuatro a cinco concejales. El PP pierde dos, al pasar de tres a uno, mientras que irrumpe la candidatura Abuelas, que encabeza Charito. Charito revolucionó el pueblo cuando decidió convertir las charlas con sus amigas al sol en un partido político. "No dicen nada, están asustados en el pueblo. Cómo una señora... Imagínese como me mirarán, es que no me lo explico", confesó tras ser preguntada por cómo recibieron en Patones la candidatura. "Me presento ahora porque es cuando se me ha ocurrido, hijo mío. Tengo ya muy pocos días por delante y, por pocos que me queden, a ver si así me atienden. A ver si toca la flauta por casualidad", comentó entre risas ante la sede de correos de la calle de Orense, cuando iba a depositar el voto por correo. Asimismo explicó que formar la plataforma fue "muy fácil", porque en la misma calle donde ella vive también lo hacen seis de las candidatas de la lista. Confía en que el partido "tiene futuro" aunque a ella ya no le quede "mucho tiempo", porque hay compañeras "más jóvenes" que continuarán el proyecto. "La más joven tiene 63 años, a ellas les queda más fuerza", ha precisado entre risas. Su principal reivindicación es construir un aparcamiento en el pueblo, con tal de "cuidar el turismo". También supone una baza económica ya que, dice, cobrando "tres euros la hora", tendrían dinero para poder hacer muchas más cosas ---- **[[https://www.65ymas.com/sociedad/politica/charito-la-candidata-mas-longeva-a-las-municipales_3588_102.html|Charito, la candidata más longeva a las municipales]]** Nacida en 1924, María del Rosario Testa Ruiz, más conocida como Charito, ha vivido varios conflictos bélicos en España y en Europa, pero lo que más le preocupa ahora mismo es el problema que hay en el pueblo en el que habita desde hace 55 años, Patones de Arriba. El municipio turístico, situado a una hora de Madrid, recibe cada sábado más de 1.000 coches con visitantes que acuden a ver sus casas de pizarra y comer en sus restaurantes. "La situación es insostenible, el turismo se está convirtiendo en un problema", denuncia la cabeza de lista a las municipales del 26 de mayo por Patones, que ha decidido organizarse junto con otras compañeras en el partido independiente 'Abuelas por Patones'. "Si yo consigo que alguien me escuche... yo tengo una solución" cuenta esta mujer de 95 años en una entrevista en Telemadrid. "Pero a los vecinos no nos atiende nadie", reclama Charito, que señala que ha intentado comunicarse con el Ayuntamiento de Patones (dividido entre Patones de Arriba y Patones de abajo, con 550 habitantes censados). "El Ayuntamiento está abajo, pero el problema está arriba", cuenta. A ese factor se une que "los de Abajo no me conocen", declara contando que en Patones de Arriba también hay vida, en su misma calle "somos 6 abuelas", una condición básica para formar parte del partido. María del Rosario Testa, más conocida como Charito, irrumpió en la escena política al presentarse como aspirante a regidora de Patones de Arriba en las elecciones municipales del pasado mayo. Con 95 años, se convirtió en la candidata a la alcaldía más longeva de España. Más de seis después de ser elegida finalmente como concejala representante de **'Abuelas por Patones'**, la vitalidad de esta bilbaína de nacimiento y patonera de adopción, no decae. Así lo ha demostrado al presentarse hace unos días en la sede de la Comunidad de Madrid con la intención de pedir una reunión para hablar sobre la medida nº1 de su programa: la construcción de párking para acoger a los miles de turistas que recibe cada fin de semana la localidad situada en la sierra madrileña donde reside. ---- **[[https://www.65ymas.com/sociedad/politica/charito-concejala-abuelas-patones-parking_12995_102.html|¿Qué pueden aportar las Abuelas?]]** {{https://www.65ymas.com/uploads/s1/31/49/54/photo-2020-02-25-16-38-48.jpeg?300 |}}Tiene la impresión de que ella es una excepción, pero que generalmente no se hace caso a los mayores. "Los abuelos parece que estorbamos un poco, nos mandan callar todos, los hijos, los nietos..... A mi, de repente, me doran la píldora bastante incluso los periodistas, pero no es lo común. Y, ¿por qué yo a mi edad tengo que estar luchando por esto y no lo hacen los jóvenes?", se pregunta. "También es verdad que me ellos me dan también mucha energía. Parece que voy a hacer muchos más años...el próximo abril cumplo 96 años", reflexiona. "Las abuelas podemos aportar muchas cosas, aunque las abuelas de ahora parecen más madres que abuelas, porque cuidan de todos, de los hijos y de los nietos cuando sus hijos se van a trabajar. Eso es tremendo", comenta Charito. Preguntada sobre si es feminista, dice que no mucho ."Depende de lo que se entienda....Mi pensamiento es el de otra época. No sabes lo que hemos pasado....Mi madre siempre estuvo en casa cosiendo calcetines y cuidando de 5 hijos, mientras que esperábamos a que mi padre llegase para darnos unas pesetas para ir al cine. Ahora las chicas tienen mucha más libertad. Si yo hubiese nacido en otra época, sería presidenta de algún sitio", asegura entre risas. "Pero si logro al menos que lo del parking vaya adelante, me conformo con eso...", puntualiza. ---- **[[https://www.65ymas.com/sociedad/politica/charito-ya-me-gustaria-ser-como-carmena_3666_102.html|Ya me gustaría ser como Carmena]]** ** Los mayores también tenemos 'voz y voto'** Charito, con espíritu vitalista considera que los mayores pueden aportar muchas cosas a la sociedad y espera que su candidatura al menos sirva "para que comprendan un poco que tenemos voz y voto". Con cuatro hijos y seis nietos, ella recomendaría a los jóvenes que valoren a cada uno de sus 'viejos', que les 'mimen' más y respeten su lugar porque "ellas han dado todo por ellos". A las autoridades, que piensen también en los jubilados y que cuiden los hogares y residencias para evitar "que pasen cosas tristes como maltratos". Por eso el el Partido Abuelas por Patones está formado únicamente por mujeres que tienen nietos, porque comprenden esa "generosidad y la importancia de dejar un legado", asegura. "La política no es importante, da igual quién entre o salga, lo importante es lo que queda", cuenta Charito quien reconoce que referente de regidoras como Manuela Carmena la inspiran en esta aventura. "Ya me gustaría a mí ser como Manuela", ríe. En la última semana Charito ha ocupado casi más espacios televisivos que la propia alcaldesa de Madrid. ¿Cómo se siente ante esta fama repentina? "Estoy orgullosa de que los medios nos habéis escuchado, porque pasan los años y aquí no cambia nada. Me han llamado incluso de Colombia. Yo solo quiero poder auxiliar a este pueblo y que nos oiga algún responsable de Obras Públicas. Para mí sería una alegría que entrase dinero en el pueblo, me da lo mismo por dónde. Yo solo sé que no me llevaría ni un euro, o al menos eso pienso ahora", bromea. </WRAP>

huelgas_de_nuestras_abuelas.txt · Última modificación: 2020/04/16 12:30 por isabel